Planificación
Merece la pena documentarse sobre la ruta y hacer un calendario previo: conocer de antemano los pueblos, sus tradiciones, las comarcas y el paisaje es gratificante y hace el viaje más provechoso. Es muy recomendable acudir a una Asociación de Amigos del Camino de Santiago (en España hay más de 50, repartidas por casi todas las provincias), cuyos socios dan información y consejos de forma desinteresada. Recuerda que las tasas turísticas se pagan en cada alojamiento.
La credencial
Es el documento que sirve de salvoconducto al peregrino. Hay un modelo oficial de la Oficina de Peregrinaciones de la diócesis de Santiago: se pide en la Oficina de Acogida al Peregrino o en instituciones autorizadas (parroquias, asociaciones de Amigos del Camino, albergues, cofradías…), si haces el Camino a pie, en bicicleta o a caballo, de forma continuada y sin alternar tramos en vehículos a motor. Hay que sellarla al menos una vez al día y, en los últimos 100 km a pie (200 en bicicleta), dos veces al día (en albergues, iglesias, ayuntamientos o establecimientos) y es imprescindible para dormir en los albergues públicos de peregrinos y en algunos privados. Es costumbre dejar un pequeño donativo al recogerla o al sellarla.
La Compostela
Es el certificado oficial de la peregrinación. Al llegar a Santiago, con la credencial sellada en las etapas del Camino, solo tienes que ir a la Oficina del Peregrino, a pocos metros de la catedral. Hay que haber recorrido al menos los últimos 100 km a pie (200 km si vas en bicicleta).
Calzado
El pie del peregrino pisa de todo: asfalto, hormigón, pistas agrícolas, gravilla, tierra, arcilla… Hace falta un calzado ni muy ligero ni muy pesado, flexible y estable: las zapatillas de trekking o de trail running son más ligeras que las botas de senderismo, más flexibles y amortiguan mejor, y su suela aguanta bien los impactos y el peso de la mochila. Un tejido impermeable y transpirable (tipo Gore-Tex) evita que se moje el pie y deja salir el sudor. Las botas de montaña protegen más los tobillos, pero pesan más, dan calor y son muy incómodas en asfalto. La experiencia aconseja probar primero con zapatillas de trekking o trail. ¡Nunca estrenes calzado en el Camino!
Mochila
Vale la pena invertir en una buena mochila de 35 a 45 litros. Llena, no debería pasar del 10 % de tu peso (una persona de 70 kg, unos 7 kg): lo que pase de ahí se paga en sobrecargas y contracturas. Busca costuras fuertes, hombreras acolchadas, refuerzo lumbar, cinturón y correa de pecho ajustables y regulación según tu altura. Ajusta las correas para que el peso descanse en la espalda y no tire de los hombros. La funda impermeable es imprescindible; si la que trae cala, compra una aparte más resistente. Recuerda que en nuestros viajes el transporte de la mochila grande entre etapas está incluido.
Qué llevar
Lo indispensable, aparte de la ropa puesta. Para el verano: cantimplora o bolsa de hidratación de 1 litro; bastones de trekking si estás acostumbrado, o el clásico bordón; dos o tres mudas; calcetines de senderismo; camisetas técnicas de manga corta y larga (nunca de algodón, que no transpira y tarda en secar); pantalón corto de senderismo, sudadera, chaqueta ligera impermeable y un poncho transpirable que cubra la mochila; gorra o sombrero, gafas de sol y crema solar (protege sobre todo el lado izquierdo, que es el que recibe el sol casi todo el día); toalla de microfibra, chanclas para la ducha y el aseo básico; un pequeño botiquín (gasas, vendas, tiritas, apósitos para ampollas, analgésicos, desinfectante, vaselina o crema antirrozaduras, antihistamínicos si tienes alergia, aguja e hilo y tijeras pequeñas); DNI, tarjeta sanitaria, tarjeta de crédito y credencial; móvil y cargador, linterna frontal, navaja, imperdibles y pinzas para secar la ropa, tapones para los oídos, bolsa para la ropa sucia y brazalete reflectante. Si vas en bici, casco y chaleco reflectante.
En los meses fríos
Calcetines, camisetas y pantalones de invierno, gorro, braga de cuello y guantes, y un cortavientos impermeable en lugar de la chaqueta ligera: es la parte más cara del equipo, pero merece la pena. Unas mallas de forro polar para debajo del pantalón (y para dormir) no sobran. Funciona el sistema de capas: camiseta térmica muy transpirable, camiseta técnica de manga larga y cortavientos.
Preparación
Prepárate físicamente antes de salir y planifica las etapas según tus posibilidades, dosificando el esfuerzo y descansando cuando lo necesites; no llegues nunca al límite de tus fuerzas. Lo ideal es entrenar con caminatas de menos a más, subir escaleras y hacer estiramientos de piernas, cintura y cuello, ejercicios de respiración y rotaciones de tronco y hombros.
Protección
Protege la cabeza del sol con gorra o sombrero para evitar insolaciones y golpes de calor, usa crema solar y evita caminar en las horas centrales del día, sobre todo si vienes de un clima distinto. Cuida mucho los pies para evitar ampollas: calcetines siempre limpios, secos y bien colocados. Calienta y estira durante toda la ruta, con especial atención a los gemelos.
Alimentación e higiene
Bebe agua embotellada o de la red pública, nunca de arroyos, ríos o fuentes de las que no sepas si es potable; al menos 2 litros al día (las bebidas isotónicas ayudan). Mejor 4 o 5 comidas ligeras con alimentos frescos que una sola copiosa; lava bien la fruta y la verdura y cuida la conservación de lo que lleves cocinado. Una ducha diaria, secándote bien, ayuda a descansar y previene rozaduras y hongos. No compartas cuchillas ni pinzas.
Señalización y seguridad
Sigue las flechas amarillas, las conchas de vieira, los azulejos con la vieira y los mojones kilométricos; desde 2007 los nuevos hitos tienen el mismo diseño, con la vieira, la flecha y los kilómetros que faltan hasta Santiago. No camines de noche, ni antes del alba ni después de la puesta de sol. Si vas en bicicleta, haz etapas de 60 a 100 km, ve acompañado y ten mucho cuidado con el tráfico y con los peregrinos a pie. Ante cualquier emergencia, llama al 112 (gratuito, 24 horas). Y no tires nada al Camino: hay contenedores en cada pueblo.